Una vez se ha decidido en cuanto al tipo de perro que uno precisa, queda aún la cuestión de si se prefiere un macho o una hembra. Esto puede que dependa de consideraciones individuales, pero, exactamente como ocurría con la elección de la raza, se tendrán que tener en cuenta las circunstancias y el ambiente en que el perro va a vivir, y no menos el “uso” que se desea hacer de él. La raza elegida puede también influir en la elección del sexo.

Si no se sabe decidir, lo mejor que se puede hacer es pedir consejo a quienes tengan experiencia en la cría y ponerse en contacto con los Clubs de Cría ya mencionados.

perro-o-perraGeneralmente un perro tiene una personalidad más fuerte que una perra, lo cual le hace más difícil de amaestrar. Se precisa un trato más severo para hacerle saber, desde pequeño, quién es el amo y para enseñarle a obedecer. Es más pendenciero que la perra, cosa que en ciertas razas puede crear dificultades. Es más fácil, para el propietario de un jardín bien cuidado, enseñar a una perra a no estropear el hermoso césped que hacerle comprender a un perro que no debe dañar las plantas. A decir verdad, el macho gusta de echarse en todas partes, y con él es más fácil que ello ocurra también dentro de casa. Si sucede que viven muchas perras en la vecindad, el perro puede mostrar a veces un comportamiento difícil e inquieto, rechazar todo alimento y desmejorarse. También hay el peligro de que se aproveche de que se haya dejado descuidadamente una puerta entreabierta y se precipite hacia la residencia de la dama de su elección y permanezca allí en el umbral durante días. Quizá sea ésta la razón por la que a veces se afirma que el perro es menos fiel que la perra. Esta opinión es completamente injusta: no se trata más que del instinto natural. Por la misma razón, una perra no puede sacarse fuera en cualquier época. Dos veces al año estará en celo, y con el fin de evitar una cría no deseada se le debe mantener bien atada o encerrada. Si a pesar de todas las precauciones queda preñada, el veterinario podrá interrumpir la gestación mediante una inyección, con tal de que se administre dentro de uno o dos días a partir del acoplamiento. No obstante, la perra volverá luego a entrar en celo, por lo que prevenir es mucho mejor que curar.

Es muy difícil encontrar hogares para una camada de mestizos, especialmente si se quiere encontrar buenos hogares, y sin duda uno se estremecerá ante la idea de quitarle todos los cachorros a la madre inmediatamente después del parto. Existe la posibilidad de dar una inyección de hormona a la perra para evitar que se ponga en celo, pero ciertamente no es recomendable: no puede ser sano el estorbar una y otra vez una función natural. Además, después de una o más inyecciones, el apetito genésico a menudo desaparece totalmente durante cierto tiempo, de tal manera que entonces no se puede conseguir cría aunque se quiera. Claro que esto no importa mucho tratándose de perras ya mayores (una perra se pone en celo hasta una edad muy avanzada), puesto que no se deberían hacer criar. Dejando aparte lo que acabamos de decir, pueden ahorrarse muchas molestias administrando a la perra en celo tabletas de clorofila especialmente preparadas para este fin.

Si uno piensa seriamente en criar una camada, dispone del tiempo libre suficiente y está preparado para hacer frente a todas las molestias que ello implique, obtendrá una gran satisfacción. Si se logra una camada de número razonable de cachorros de buena salud, su venta puede que llegue a cubrir el coste de los cuidados y alimentación de la madre, asistencia del veterinario si es necesaria, las inyecciones requeridas y cría de los cachorros recién nacidos; pero no dará ningún beneficio. Si posee un hermoso perro, uno tendrá que aguardar hasta que alguien hacerlo aparear con su perra. Sin la molestia, o el gozo, de tener que criar una camada, el propietario del semental obtiene el derecho a elegir lo mejor de ésta o a una compensación igual al precio de un cachorro.