Todo esto nos lleva, como es lógico, a hablar del perro de compañía, lo que es una forma un poco débil, un poco fácil de designar al amigo que pronto nos dará el honor y la dicha de consideramos como «su dios», pues el hombre es un dios para su perro y solamente para su perro.

perro-de-companiaEsto merece meditarse. Hasta ahora hemos hablado, sobre todo de los perros a través de las razas, tal como están registradas en todos los países del mundo. Claro que puede haber toda clase de excepciones: un perro sin raza puede ser un buen perro de caza, de pastor, de guarda o de trabajo, lo mismo que un perro de la más pura raza puede revelarse inepto en el «oficio» para el que se le designa.

Pero éstas sólo son excepciones: a cada cual su oficio, como dice un viejo proverbio francés, y las vacas estarán bien guardadas. Cuando llegamos al capítulo de los perros de compañía hay que revisarlo todo, porque no vamos a pedir a un perro de compañía que ejerza cualquier oficio. Su papel es ser nuestro compañero y nuestro amigo, eso es todo. Si usted no se siente tentado por esta o aquella raza precisamente de «compañía», como todos esos pequeños perros, los carlinos, los pekineses, los lasas, los chihuahuas, los malteses, los lulús, los spaniels papillón y otros perros «de bolsillo», si no siente marcada debilidad por los caniches, los pequeños lebreles, los dálmatas o los bouledogues franceses, puede perfectamente elegir a su compañero entre los perros de caza, de guarda, de pastor o de trabajo.

Si los cockers, los spaniels, por ejemplo, tienen cualidades sobre el terreno unánimemente reconocidas, también pueden ser buenos perros de compañía. Del mismo modo, puede muy bien elegir un dobermann o un bull-mastín, aunque no necesite un guardián. Cualquier perro, sea de pura raza o de sangre mezclada, es capaz de darle todo cuanto necesita: cariño, lealtad sin límites, comprensión perpetua de su estado de ánimo, sacrificio completo y, dado el caso, su vida.

Pues por cada hombre que ha muerto por haber perdido a su perro (los ha habido), ¿cuántos perros se han dejado morir de hambre cerca de la tumba de su dueño, o se han arrojado al agua por él o al fuego? ¿Y cuántos han arriesgado su vida recorriendo cientos de kilómetros para encontrar a quien cobardemente le había abandonado?

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